P.Cacho Alonso, “Siervo” de Dios en el recuerdo de Luis Guarino Moscatelli

El  Arzobispo de Montevideo, Cardenal Sturla difundió la noticia.  Para declarar  “Santo” al P. Cacho se cumple una etapa previa de estudio de su vida para saber si nada se opone en sus costumbres, en los hechos de su vida para  que sea declarado.

Guardo  en mi poder una carta que el P. Alonso me dirigiera desde Rivera el 25/set./1975, donde estaba junto al P. Tono Carcabelos y al P. Eulalio Landa, iniciando una nueva experiencia de vivir con la gente pobre,  una situación  que duró poco tiempo al ser suspendida por sus superiores salesianos.

Allí me dice entre otras cosas, refiriéndose a su integración a la vida real de la gente más pobre:

“ ya pude,vislumbrando  en estos últimos años, en que he sido libre, responsable, hombre, humano, todo eso en cierto grado, y además señalado como un mal religioso y peor sacerdote,  pero me ha permitido amar de veras y no platónicamente a la gente, sentir su valor humano. ¡Porque hicieron de nosotros imágenes de yeso,  sin corazón, que recordaran a los hombres un dios falso, lejano y santo, omnipotente y  juez, que condena la materia y es solo espíritu;  objeto de respeto distancial y supersticioso, tenidos como súper humanos pero no queridos; llenos de privilegios y administradores metálicamente de favores divinos…y para eso nos robaron toda la niñez, la adolescencia y la juventud. Bendigo al Señor si a mitad del  camino descubro  el corazón humano y en él al Padre de que nos habló Jesús, el Padre del Evangelio!… Aquí estamos con el Tono y Landa estudiando la modalidad que va a tomar nuestra presencia en un barrio pobre. Pensamos trabajar; y por nosotros ya estaríamos viviendo en el barrio, pero en nombre de la prudencia, como siempre, nos obligan a permanecer un tiempo en la parroquia de los salesianos. Creo que estos años me han enseñado algo y no  me dejaré pasar por arriba, y menos invocando el espíritu de Fe!!

…nunca me había sentido tan desplumado y sin respaldo, ¡pero mejor!… y cuando trabajemos ¡no sobrará nada! … En fin, me siento en camino, vamos a ir, no sé bien a dónde, pero esta vez  es Él el que nos va chistando!.  Un abrazo de hombre amigo: Cacho.  Saludos del Tono y Landa.”

Esto es la mejor definición de la vida del Padre Cacho y por qué  marcó el camino que fue desarrollando hasta terminar integrado a los barrios más pobres de Montevideo.

Hoy estamos a  25 años de la muerte de aquel  ser tan extraordinario que supo abrazar la causa de los pobres.  No era el único en su época, eran tres.

El P. Tono (Antonio) Carcabelos y Eulalio Landa lo acompañaron a empuñar  el arado en aquella experiencia tan del espíritu de don Bosco, la entrega total a la gente más pobre y abandonada.

Así los conocimos.

Tono terminó su vida repentinamente  entregado en cuerpo y alma a la parroquia de Bella Unión; el P. Eulalio Landa falleció trágicamente ahogado mientras pretendía  salvar  la vida de unos niños de la Aldea de la Bondad entre los cuales estaba viviendo, silenciosamente.

Pocos fuimos los que lo acompañamos hasta su sepultura que quiso fuera en  tierra, entre los más pobres.

Ocupando el cargo de Edil de la Junta Departamental de Salto  tuve la oportunidad de exponer sobre la vida del P. Cacho cuando se cumplían 9 años de su partida y decíamos lo siguiente.

“El 5 de setiembre, hace 10 años, el Padre Cacho Alonso, entregaba su vida, después de haber dado todo de sí, por los pobres, los miserables, los indigentes del Barrio Borro y Aparicio Saravia, donde se había juntado la especie de uruguayos más pobres, desocupados que viven de la recolección de residuos y donde  Cacho decidió vivir en un ranchito como todos los demás, llevando su palabra, su consuelo, su vida misma, en ayuda de todos.

A 10 años de su muerte, su testimonio de vida a favor de los más pobres y olvidados de la sociedad, es más actual que nunca.

En un gesto nunca visto, un carrito de hurgadores, ataviado con sus mejores “galas” tirado por el mejor caballo blanco, llevó el ataúd con su cuerpo, envuelto en la bandera uruguaya, mientras más de cuatro mil personas acongojadas, representando todas las clases sociales, y una caravana de carritos, lo acompañó a pie hasta su última morada.

El Padre Cacho los acompañaba hasta el extremo increíble de ayudar, en las noches frías de invierno,  a tirar el carrito de hurgador, a quien no podía hacerlo solo, por su propio estado de pobreza y de miseria. Era solidario en grado heroico. Había entendido que “la vida sólo tiene sentido si es vivida para los demás” (Tolstoy). Decía que “amar a los pobres es abrazar su causa”.

Entre todos, hombro con hombro, fue creando una obra inmensa, que hoy todos conocen como la “Obra del Padre Cacho”. Fue  al principio una casita para una familia ,arreglada entre todos, luego fue otra, y otra, los ranchitos fueron transformándose en viviendas, un salón comedor para alimentar a los niños, mientras Cacho, como buen cura salesiano, confiando en la providencia, pedía y pedía, recibiendo y repartiendo todo cuanto recibía. Las razzias de la policía eran frecuentes, y Cacho rescataba los jóvenes de las comisarías y de las cárceles, porque decía “los jóvenes siempre están a tiempo de cambiar, el amor hacia ellos es la puerta por donde brota la esperanza”. No quería que los llamaran hurgadores de basura sino “clasificadores” porque su oficio era recuperar el despilfarro de la sociedad consumista. En 1990 se les acreditó un “carnet” de clasificadores, como trabajadores en actividad productiva, porque decía “son los profetas de la futura sociedad”.

El Padre Cacho, de espíritu gigantesco pero de físico y salud endeble, había entendido que su vida sólo tenía valor si se consumía entre los pobres, como don Bosco lo había hecho y le había enseñado a sus salesianos. Guardo tantos recuerdos y escritos, sus cartas eran páginas evangélicas, hasta sus desahogos frente a las incomprensiones de quienes más deberían haberlo entendido y lo criticaban por ver que su entrega total iba minando su vida y su salud, día a día. “No estamos para cuidarnos la salud y pasarla bien, mientras vivimos rodeados de pobres, enfermos, necesitados, gente con hambre, que no tiene medios ni trabajo”.

Ese era su ideal de vida. Hoy es nuestra admiración, como fue admirado por todos, bendecido y ensalzado por aquel pueblo pobre que lo acompañó a pie hasta el cementerio.

De él se ocuparon en el Parlamento Nacional, donde once legisladores de todas las corrientes tejieron alabanzas a su vida de entrega a los pobres, guardando un minuto de silencio; fue homenajeado en la prensa nacional, y recordado siempre en el barrio que lo vio entregar su vida en servicio a los más pobres.

Lo que hoy vivimos, cuando despierta la solidaridad con quienes más necesitan, fue el camino que el P. Cacho  vivió y recorrió hace más de diez años.

Su testimonio tiene más actualidad que nunca. Valía la pena recordar este ejemplo, porque debemos ser agradecidos y saber venerar la memoria de quienes en este Uruguay, han sabido entregar su vida por los demás, los más pobres y los que más necesitan. “ (Edil Luis Guarino).

Ya podemos piadosamente dirigirle nuestras plegarias como Siervo de Dios P. Isidro Alonso, para que interceda por  nuestra Diócesis donde supo desempeñarse como Asesor de Pastoral Juvenil.

 

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