Misionando en África

Mi nombre es Diego, tengo 22 años y vivo en Montevideo, Uruguay.  Estudio para ser Educador Social.

Pertenezco a la Diócesis de Salto. Soy de la Ciudad de Paysandú, y en mi secundaria conocí a las hermanas del Verbo Encarnado, en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús. Lugar donde comencé  a seguir a Dios.

Las hermanas me ayudaron a conocerlo,  amarlo  y  a confiar más en su Providencia. Especialmente la hermana Reina Mazariegos y  la hermana Wanda Klaric. Las cuales hoy en día  forman parte de mi  familia.Con ellas compartí retiros, jornadas de jóvenes, misiones, la JMJ en Rio 2013 y muchos momentos de oración y adoración. Son realmente un testimonio fuerte del Amor de Dios y de su Fidelidad.

La hermana Wanda en septiembre del 2015, dejó Uruguay y regresó a África para una nueva  misión. Antes de irse le pregunte si podía vivir  una experiencia como voluntario en las misiones de la Congregación en Kenia, a lo que me dio un muy posible si, que no se me llenó de ilusión…

Luego de rezarlo, y de procesarlo con un amigo sacerdote, le dije que quería vivir esa experiencia. Que sólo necesitaba tiempo para coordinar la licencia en mi trabajo y luego si marcar posibles fechas.

Ahora, estando en los últimos días de esta hermosa experiencia me es difícil escribir algo. Hay tanto que decir, que no es fácil por dónde empezar.

Pero voy a intentarlo.

Karibu, Karibu Sana. (Bienvenido, Muy Bienvenido)

Una acogida total.  Te reciben como  una bendición.

Nada más lindo que luego de un viaje largo te reciban  de esa forma. Decirte que están felices de verte, y que te sientas como en casa. Los abrazos dobles, acompañados siempre de cálidos saludos de bienvenida. Las enormes sonrisas blancas, sinceras, abiertas, enmarcadas por los labios más grandes y perfectos que existen.

En estos casi tres meses de trabajo voluntario en Kenia y Tanzania me han dado más de lo que yo siento que di.

Puede ver y sentir a Dios en las hermanas, en su alegría. Pude verlo y sentirlo al abrazar a un niño, al entrar a una casa y ser recibido con una inmensa alegría. Puede verlo y sentirlo al compartir mí tiempo con familias de las aldeas que conocí. Puede verlo y sentirlo al contemplar Su majestuosa Creación,  en las visitas al Lago Victoria, en los montes y valles de Molo. Puede verlo y sentirlo en el trabajo en equipo con las hermanas, experimentando  nuevamente  que la felicidad está en el servicio constante (y con alegría), hacia nuestros hermanos.

Cuando Jesús se agachó hasta el suelo para lavarles los pies a sus discípulos, no estaba haciendo otra cosa que mostrándonos la puerta a una vida en plenitud. Lavar los pies a sus amigos no disminuyo su Dignidad, al contrario, exalto su Grandeza. Entonces, al agacharnos y ´´lavar los pies de nuestros hermanos´´, nos hacemos más cercanos, más hermanos.

Es un trabajo hermoso el que realizan las hermanas aquí y en Uruguay, ya que a través de la educación abren muchas puertas y tienden puentes.

La educación protege la dignidad de todo ser humano. Nos hace libres, nos permite tener igualdad de oportunidades y superarnos económica y socialmente. Creo que es el camino hacia un mundo más unido, más humano.

Pero para ¨lavar los pies  a nuestros hermanos ¨ no es necesario venir hasta África,  basta estar atentos a las necesidades y el sufrimiento de los que tenemos al lado. Comenzar a amar en lo cotidiano.

Dar el primer  paso y salir de nosotros mismos, dejando de lado nuestras seguridades y nuestros ´´peros´´.

Amar aceptando y respetando las diferencias del otro, sin querer cambiarlo.

Amar de manera pura, sin vergüenza, como niño.

Amar sin miedo a no ser amado.

Amar aunque no nos digan gracias, aunque no nos devuelvan el saludo.

Amar sin pensarlo tanto, sin dar tantas vueltas.

Amar regalando una sonrisa al que la necesita (y al que no también).

Amar en acciones, en detalles y  en presencia. Cumpliendo más y prometiendo menos.

Amar como nos gustaría ser amados.

Amar todo lo que somos y todo lo que tenemos.

Amar agradeciendo por esa hermosa capacidad de amar.

Amar siendo feliz con la felicidad de los demás.

Amar a nuestros seres queridos, decirles cuanto los amamos, no suponer que lo saben, decirles lo que significan para nosotros.

Y en este amar en lo cotidiano, nos agachamos hacia nuestros hermanos.

Eternamente agradecido a Dios y a la Congregación por regalarme este tiempo de gracias y bendiciones. Tiempo de reencontrarme conmigo mismo y sentirme llamado a gastar mi vida por LA VERDAD. En el día a día, en lo sencillo.

Diego Sebastián Sosa.

 

4 thoughts on “Misionando en África

  1. Claudia Lope dice:

    Felicitaciones x tus palabta y x hacer compartido tu experiences.
    Me encantaria poder hacelo Alvin dia si dios me lo permits.
    🙅😚😘❤

  2. LESA GELOZ dice:

    Dios te siga bendiciendo en el camino que elijas y no cambies nunca. Un abrazo en Cristo Jesús.

  3. Mario Molfino dice:

    Te felicito y mil gracias por ser un amigo que realmente da su vida para los demás, te admiro mucho Diego un fuerte abrazo y cuando llegues conversamos

  4. Cecilia Rodríguez dice:

    Felicitaciones por esas hermosas palabras y experiencia. Debe ser hermoso estar ahí y nutrirse de tantos aprendizajes. Yo también estudiè educación social y trabajo en un hogar. Aveces se hace difícil. Mucha suerte! Cecilia.

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