A los Educadores y personal de los Centros Educativos formales de la Diócesis de Salto

 

CODECSA

Paysandú, 2 de marzo de 2017

A los Educadores y personal de los Centros Educativos formales de la Diócesis de Salto

En este día, niños, adolescentes y jóvenes están comenzando el año escolar. Cada uno de Uds. han dedicado tiempo a planificar, preparar la infraestructura para darles una cálida bienvenida. El contexto del que somos parte nos desafía. La Educación es una de las mediaciones para gestar una nueva cultura, una nueva época. Como parte de la Educación Católica, el centro educativo en el que te encuentras quiere ser presencia evangelizadora.

¿Cómo hacerlo? Y yo, que no sé qué es eso de evangelizar ¿cómo lo hago?

Pues bien les ofrezco una imagen para que nos ayude: las manos. Ellas expresan humanización, que es el primer significado de la evangelización: humanizar la cultura y de eso todos sabemos.

Manos que toman entre ellas la carita asustada del otro más pequeño y mirándolo a los ojos le expresa este eres tú y este soy yo que te nombro y quiero decirte algo serio y profundo para que te sirva en la vida: eres importante y amado por Dios.

Manos abiertas que reciben y a la vez ofrecen. Reciben y dan la vida. En nuestra tarea de Educadores, cada día tenemos esa posibilidad, de recibir al que llega, con risa o en llanto, con entusiasmo o de mal humor, al pequeño y al más grande, al que aprende rápido y al que tiene un ritmo más lento, al que ve de lejos y al que tiene que tener un lugar especial porque su vista es frágil, al varón y a la mujer, al que viene acompañado de sus padres y al que llega sólo.

Manos que bendicen porque hablan bien de sus alumnos porque esperan y confían en sus potencialidades, buscan, usan las mejores estrategias para que cada uno dé de sí lo mejor. “¿Cómo recrear las relaciones humanas cuando todos esperan del otro lo peor? Hemos de encontrar, todos nosotros y cada uno, los caminos, gestos y acciones que nos permitan incluir a todos y ayudar al más débil, generar un clima de serena alegría y confianza y cuidar tanto la marcha del conjunto como el detalle de cada persona a nuestro cargo.”

Manos que orientan y sostienen, muestran los diversos caminos por donde transitar en la vida y están dispuestas a esperar que los jóvenes vuelvan a contar sus cosas para ayudarles a interiorizar, a construir sus historias de vida y hacerse cargo de ella.

Mano sobre el hombro que brinda apoyo expresando el tú puedes, adelante, que espera con paciencia el tiempo del proceso de transformación. Esa mano sobre el hombro fortalece al otro, le da confianza en sí mismo.

Mano sobre la cabeza que expresa ternura, cariño y consuelo cuando la  fragilidad se expresa, el fracaso desalienta, el dolor achica.

Manos que se alargan porque el paso es aún temeroso, cargado de duda y de temor porque la libertad es ansiada pero a la vez es responsable y da miedo.

Manos que señalan el horizonte  para que nadie se quede en su cuadradito de vida y de vueltas sin sentido adentro del mismo, expresa objetivos, metas y ayuda a descubrir estrategias para llegar y vuelve a indicar nuevos horizontes. Así cada uno de los alumnos integra “la búsqueda permanente” como actitud de vida.

Manos que conducen hacia el otro y los otros: son manos que ayudan a descubrir que existe otro y unos otros humanos que buscan, sienten, piensan que cada uno es rico en su persona y que juntos pueden construir y hacer de la creación algo bello.

Mano que se levanta y dice presente: muestra como en la historia del país y del mundo los hombres y las mujeres han participado de la vida de las sociedades para hacerlas más fraternas y justas así como también han elegido la guerra y la destrucción.

Estamos invitados a ser y generar espacios de acogida donde las personas crezcan, maduren y aprendan en ambiente agradable posibilitador de identidades fuertes, sanas y flexibles, capaz de enfrentar el conflicto y el fracaso como posibilidad de nuevas relaciones y de nuevos aprendizajes. “La escuela puede ser un “lugar” (geográfico, en medio del barrio, pero también existencial, humano, interpersonal) en el cual se anuden raíces que permitan el desarrollo de las personas. Puede ser cobijo y hogar, suelo firme, ventana y horizonte a lo trascendente. Pero sabemos que la escuela no son las paredes, los pizarrones y los libros de registro: son las personas, principalmente los maestros. Son los maestros y educadores quienes tendrán que desarrollar su capacidad de afecto y entrega para crear estos espacios humanos.”

Queridos educadores sean, seamos como las manos, sencillas, servidoras para transitar este tiempo hacia una nueva cultura, vivamos nuestra vocación como regalo, tarea y profesión. Asumamos los desafíos con la esperanza y la alegría de ser artífices de algo nuevo. Pero no lo hagamos solos, hagámoslo juntos, aportando cada uno lo mejor de sí.

Y para aquellos que profesan la fe católica y quieren vivir en profundidad el envío de Jesús: hay que hacer visible la mano de Dios en la cultura, la vida, la historia, las relaciones, los conocimientos. Seamos constructores de comunidad, arraigada en la fe en el Resucitado que nos prometió el Espíritu y hace nuevas todas las cosas.

Seamos manos que toman las de otros y los llevan a recorrer el camino de la contemplación, de la interiorización de la aventura de encontrar a Jesús que camina junto a nosotros y a quien le oímos decir “No temas yo estaré siempre contigo”.

Me despido con fraternal abrazo, bendiciendo la vida y la tarea de este año de cada uno confiando en que podemos permanecer unidos creando la nueva cultura porque nos creemos hijos/as amadas de Dios.

María del Rosario Alves Esteves.

CODECSA

One thought on “A los Educadores y personal de los Centros Educativos formales de la Diócesis de Salto

  1. Muy apropiada la carta.-
    Mis felicitaciones y deseo de éxito.

    norberto canepa santos

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